Adam Nightingale R.I.P.

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Abrazo

Adam avanza por el camino de piedra apenas iluminado por filas de velas blancas, él también viste de blanco, simbolizando la vida que abandona. Y mientras comienza a oírse un lejano y rítmico canto, se adentra en el templo lanzando una última mirada al mundo que deja atrás y que no volverá a ver con esos ojos. Los astros, en posición, la luna, nueva y los animales del bosque, en silencio. Adam cruza la familiar arcada, como tantas otras veces y se adentra en la oscuridad.

Por el pasillo que conduce a la sala principal los grabados en las paredes muestran épicas escenas místicas aunque en su lento avanzar no les presta atención, las ha visto muchas veces y permanece concentrado en lo que le espera. Según camina por el templo, el coro de voces se hace mas audible y en la pálida luz de las velas comienza a distinguir figuras, todas oscuras, todas encapuchadas, cada una de ellas sujetando un cirio encendido.
La cámara principal ha sido engalanada con flores blancas y una suave alfombra de pétalos conduce hacia el altar. La que será su nueva madre aguarda en silencio a un lado y espera a que Adam la alcance para unirse al coro de voces:

“Mortem liberat nos”

Cuando Adam se tumba en el altar por poco le fallan las fuerzas, varios días de preparaciones y sin ingerir alimentos lo han dejado mas débil de lo que esperaba y por un momento le asaltan las dudas. ¿Y si no lo consigo?¿Y si no sobrevivo? Su mente entrenada se sobrepone con rapidez, la piedra está fría y se aferra a ella, al mundo terrenal que pronto dejará atrás. Continúa la liturgia pero no le presta demasiada atención, y aún perdido en sus propios pensamientos se da cuenta de que tiene miedo. Está bien tener miedo -recuerda las palabras de su maestro – pero mantenlo sujeto. Adam controla su imaginación y se calma.

Pausa en la letanía para que la ejecutora le ofrezca un cuenco del que bebe, amargo con un deje metálico, Adam requiere de toda su fuerza de voluntad para no vomitarlo al instante. A pesar de la piedra fría tiene la espalda empapada en sudor y la cabeza le da vueltas. Mientras el cántico sube de volumen las figuras encapuchadas rodean el altar, siente cada vez mas frío, según la vida y la magia le abandonan. Como en un sueño se mira las manos y ve que sangra por las muñecas, aunque no ha sentido dolor, se queda embelesado mirando su propia sangre escurrir por sus antebrazos hasta los codos, goteando en el altar y dibujando las runas y tallas en él inscritas en su recorrido. Todo empieza a mezclarse, el frío y el calor, la luz y la oscuridad, el olor a tierra mojada y a incienso… la ejecutora se acerca a murmurar unas palabras en su oído y el tiempo se detiene.

Se encuentra al borde de la vida, en la punta de un precipicio sin fondo. En tierra firme se encuentran sus allegados, mas próximos los mas cercanos, sus aprendices, su maestro desaparecido tiempo atrás, su único amor, su familia algo borrosa, los que le vendieron al maestro cuando cumplió los 7 años y su don se hizo patente, y aún más atrás personas de diferentes lugares con las que alguna vez tuvo contacto, que tuvieron algún impacto en su existencia. Todos le miran con ojos vacíos, esperando. Adam se vuelve a mirar al abismo y ahí reconoce a la mujer, al primer amante, a la hermana, a la abuela de todos, que le espera. Doce campanadas suenan en la lejanía y se hace la oscuridad.

Tras unos instantes, Adam salta al vacío.

Adam se despierta con un alarido y tarda unos segundos en darse cuenta de dónde está. Se encuentra en su cama, en su casa de Londres. La oscuridad es total lo que no es impedimento para su visión. Se toma unos segundos para recuperar la compostura, mecánicamente asoma una mano fuera de la cama y realiza una serie de complejos movimientos desactivando un glifo antes de posar los pies en el suelo, y según avanza por la habitación completa los rituales del despertar. Luego se dirige a la pared norte de la habitación y enciende dos velas frente a un pequeño altar ahí dispuesto, hace una pequeña genuflexión y consulta la hora en un carrillón de pared, acaba de anochecer y tiene hambre, es hora de salir.

Adam Nightingale R.I.P.

A Midsummer Night's Dream PonC