A Midsummer Night's Dream

Naipes al Alba

Ylena llegó pronto, y le estaba esperando cuando Lord Henry llegó a casa. Se había pasado un buen rato indecisa manoseando las cartas, pero en cuanto escuchó la puerta cerrarse comenzó a disponer los naipes con soltura en una de las tiradas más complejas y secretas, conocidas exclusivamente por apenas algunos iniciados entre los Condenados: el ankh. Era una variable de la cruz celta que le asignaba un lugar adicional a la Bestia, esa fuerza salvaje que todo vástago lleva dentro y que amenaza con destruir su cordura.

Ya estaba completamente en trance cuando su anfitrión entró en el salón y la observo durante varios minutos. No quería interrumpir su concentración, y se entretuvo deleitándose en los finos rasgos de la joven. Su cara mostraba la misma ascendencia eslava que claramente se advertía en su forma de pronunciar el inglés. Sus delicados labios eran rojos como la sangre, y destacaban especialmente en la cerúlea piel. Los ojos, de un suave azul acuoso, parecían llevar a insondables pozos de sabiduría mientras se reflejaban en ellos los arcanos que había desplegados ante la hermosa figura. Su cuerpo era apenas el de una joven muchacha, que apenas había alcanzado la pubertad, y sus rasgos femeninos estaban escasamente desarrollados. Sin embargo, cuando hablaba mostraba una especie de sabiduría, que daba a entender que esos infantiles ojos habían visto mucho más de lo que se podía imaginar.

Ella parecía apenas consciente de la presencia de Lord Henry, y comenzó a explicar en voz alta la tirada, con suaves susurros de una boca que atraía toda la atención del joven Lord.

Ella le contó su infancia en Polonia, muchos años atrás, donde la cruel infancia de una niña, bendecida con el don de poder ver más allá que los supersticiosos aldeanos, se había manifestado en la carta de La Sacerdotisa, que aparecía en la base de la tirada. También le contó cómo había sufrido la indigencia, abandonada por una familia aterrada ante los poderes del infierno que manifestaba la pequeña. Eso no debía estar en la carta, pensaría más tarde Lord Henry, cuando rememorara la conversación.

A continuación apareció la carta de El Mago, al que rápidamente Ylena se refirió como Pope. Pope había iluminado su vida. Era una extraña figura que se había acercado a Krakovia como parte de su itinerante espectáculo de proyecciones mágicas y juegos de luces e imágenes, y rápidamente había conquistado su corazón, junto con el de todos los chiquillos que tuvieron la suerte de verle actuar. Le contó que Pope, conocido por “Doctor Iluminatus”, se alimentaba de los niños, fáciles de sorprender y que acudían como moscas en cuanto entraba en una ciudad y montaba su tienda. Sin embargo, Pope supo ver lo especial de la joven Ylena, así como ella enseguida advirtió la cohorte de espíritus de los fallecidos niños, que lo acechaban “más allá del velo”. Con ella fue diferente, le dio la esperanza de salir de un mundo de miseria y dolor, pues los supersticiosos humanos no la aceptarían con su don, y la única mejora sobre su situación de mendigo, había sido la de prostituta, un futuro que la asqueaba. El Diablo, la siguiente carta, “erra la prrueba de que esstaban condenadoss y habían perrdido ssu alma”. Así lo explico ella, pasando muy deprisa sobre la carta, y apenas contando alguna historia de sus primeros años con Pope.

Lord Henry no podía abrir la boca, estaba tan concentrado en el relato de la joven, que apenas desviaba la mirada de su rostro un instante para otear la carta recién revelada. La Rueda: y es que apenas unos años después de convertirla, en 1779 se mudaron a Inglaterra, donde Pope se convertiría en uno de los más respetados miembros de la Lancea Sanctum, y donde serviría como confesor durante más de 40 años. Pope tenía una increíble habilidad para hacer que la gente se sintiera bien, y su capacidad de motivar e inspirar a los que le rodeaban era magistral, su ascenso en las filas de los Santificados era imparable, e incluso llegó a decir que el mismo Mithras le había confiado los secretos que más le turbaban. Entonces todo cambió, y en 1828 abandonó sus obligaciones, y se dedicó al estudio de la ciencia, la historia y la magia, obviamente desviándose de sus responsabilidades espirituales. Al par de años, ya había abandonado a su secta, y retirados sus títulos y su estatus, se dedicó a predicar por la ciudad. Poco a poco, fue reuniendo un pequeño grupo de seguidores, que no tardaría en crecer en cuanto se extendió el rumor de que Pope estaba enseñando los secretos de la Lancea Sanctum e incluso los conocimientos de la mismísima Hechicería Thebana que tan celosamente guardan. Ni que decir tiene que el rumor incendió las más altas esferas de los Santificados, y tras rebautizarle como “El Mentiroso”, una caza de sangre se hizo rápidamente efectiva. Lord Henry advirtió que la carta de la que llevaba largo rato hablando no había sido dada la vuelta todavía, pero de alguna forma ella parecía saber perfectamente cuál era la situación del destino, y la bella joven no se sorprendió cuando La Muerte fue desvelada, lo había sabido desde el principio.

“Entonssess, Pope tuvo que essconderrsse de la muerrte, dorrmirr el sueño de las eras…”, dijo ella, concluyendo la explicación del arcano.

Cada uno estaba completamente volcado en la contemplación (de las cartas del tarot en el caso de ella, y de la seductora presencia de Ylena, en el caso de él) y no dieron cuenta del paso del tiempo, ni de cómo lentamente una luminosa lengua de plata se había ido extendiendo por el horizonte.

Sin embargo, aun quedaban dos arcanos más por descubrir, y difícilmente podrían resistir la tentación de seguir con la historia hasta el final, pues la tensión se había ido acumulando hasta dejar casi sin aire la habitación.

“Nunka lo enkontrarrron”, dijo Ylena. “Suss máss fieless tseguidoress habían ocultado muy bien su lugar de reposso, y aunque passarron añños buscándolo, jamass lo hayarron”. “Sinn embarrgo, el único que sabía dónde repossaba Pope, sufrrió un trágico atropello hasse casi diess años…”

La carta de La Rueda parecía confirmar la explicación de la médium, subrayando la terrible forma en la que el fiel Cliffton Hews, su más fiel Ghoul, se había llevado el secreto de Pope a la tumba. Ylena explicó que después de desaparecer Pope, ella misma había dejado al diligente Cliffton al cuidado de Madame Chambelain, donde el Ghoul había encontrado refugio hasta el día de su trágico accidente.

Ya sólo quedaba una carta por desvelarse, estaba a punto de amanecer y el sueño empezaba a acecharles a ambos, pero se resistían a dejar que la magia se esfumara. De repente, Lord Henry advirtió por los rasgos de ella, que no podía saber de qué carta se trataba. Tenía una expresión ansiosa al cogerla para darle la vuelta y desvelarla, estaba claro que era el desenlace lo que había estado esperando con avidez, pues ya conocía de sobra la historia que le había contado al fascinado caballero. Sólo le restaba descubrir el final.

Cuando la carta quedo dispuesta, la sorpresa de ella fue evidente. Su boca se había abierto mostrando levemente las puntas de unos colmillos que asomaban entre las perfectas piezas de marfil que eran los dientes de ella, y sus profundos ojos de agua se abrieron de la sorpresa. Era Los Enamorados, no sabía cómo reaccionar. Estaba pensando en cómo Pope podía ser su amante en esta historia, volviendo de su largo sueño, cuando lo entendió. Lord Henry se había movido por primera vez en toda la tirada, como llamado por una fuerza superior en cuanto la carta se mostró en la mesa. Se acercó a ella con movimientos suaves, como temiendo asustar a un cervatillo asustado entre el follaje, y cogió su cara entre las manos. Al acercarse sus labios ella no trató de resistirse. Estaba como paralizada, iluminada, en éxtasis…

Comments

isgaard

I'm sorry, but we no longer support this web browser. Please upgrade your browser or install Chrome or Firefox to enjoy the full functionality of this site.