A Midsummer Night's Dream

La Mente de McAbbot en dos tomos

Estudio sobre la mente de McAbbot.

La mente de las personas es, por definición, algo frágil, quebradizo. Mucha gente la compara con un cristal a través del cual percibimos la realidad. Este cristal puede llegar a teñirse de múltiples colores, dependiendo de los estímulos que se reciben a lo largo de la vida.

Así, juegan un papel importante la educación, la disciplina, las anécdotas más peligrosas de la vida de uno mismo… Muchos de estos elementos son comunes a toda la población, por lo que podemos pensar que, en esencia, todas las ovejas ven el prado del mismo color. Sin embargo, algunas de las mentes de este homogéneo redil, comienzan a sufrir estímulos que contradicen la norma establecida sobre cómo son las cosas.

Estos pequeños estímulos, en ocasiones, pueden funcionar como un pequeño error matemático en una ecuación geométrica. Es posible que el error, al principio, apenas tenga importancia o influencia en el desarrollo de la mente, pero poco a poco, llegará a ser suficiente como para alterar la forma del cristal a través del cual percibimos la realidad.

A veces, este cristal llega a sufrir tantos errores y estímulos, que puede fraccionarse. Es algo digno de estudio. Pero lo que realmente es interesante, es la reacción del propio enfermo a la hora de elegir cuál es el pedazo de cristal más adecuado para percibir la realidad, o cómo pugna por reconstruir la realidad empleando los pedazos deformados de ese cristal roto a modo de puzle.

En el caso de McAbbot, sus antecedentes están claros: sexto hijo, presumiblemente bastardo, de una familia adinerada que le dio la espalda. Disciplina castrense por parte de la marina, una rencilla personal contra su propia familia que le dejó solo… Tonteo con lo oculto, fracasos varios… Hasta que, finalmente, fue transformado.

Todo lo anterior hasta su transformación, es lo que hizo que la mente de McAbbot se tiñese del mismo color que tienen las mentes de figuras literarias como Mr. Hide, o del Dr. Frankestein, con la salvedad de que éstos son meros seres de ficción.

McAbbot empleó todos sus recursos para destruir, no el mundo, o la sociedad, si no SU mundo y SU sociedad. El pequeño error comenzaba a desenmascararse, y hacía estragos en todo lo que se le ponía delante, pero aún era capaz de percibir lo que sucedía a su alrededor. Era plenamente consciente del daño que hacía, y extremadamente racional. Fue en el momento en el que el minúsculo error matemático comenzaba a crear la primera grieta en la mente de McAbbot, cuando sucedió el abrazo. Podemos decir que los primeros chirridos, se escucharon cuando fue empujado escaleras abajo en aquél sucio sótano.

Una mente normal, cuando se rompe, lo hace poco a poco. La sociedad percibe las grietas creadas en la percepción del individuo, y puede reaccionar ante ellas. Incluso el enfermo, normalmente, puede percibir que algo se está rompiendo en su interior. Es por ello que existen los psiquiátricos y otros hospitales especializados.

Sin embargo, la mente de McAbbot, se rompió tan estrepitosamente, y quedó tan hecha añicos, que ni siquiera él mismo pudo reaccionar. Es posible, incluso a día de hoy, que ni si quiera su entorno más cercano se haya percatado de que la cabeza de Robbert no está en su sitio.

La explicación es sencilla. A pesar de todo, seguimos teniendo un sistema de seguridad que nos mantiene a salvo y en alerta. Un sistema que nos hace funcionar por mera inercia. Sin embargo, este sistema no puede mantenerse para siempre. Consume demasiados recursos y, tarde o temprano, nos damos cuenta de que las cosas ya nunca volverán a ser las mismas. Hasta ahora, McAbbot recibía fuertes estímulos que le mantenían “dentro del sistema”. Theressa y su visión, o las propias búsquedas para salvar al mundo, son una norma en el nuevo mundo de Mc Abbot. Es posible que todo estalle cuando éstas falten, o que cree nuevas figuras a partir de aquellas para alimentar una base sólida sobre la que reconstruir su maltrecha mente.

Pero, sin duda, lo que sucedió hasta ahora, es que Robbert no se había parado aún a recoger los pedazos que se han quedado esparcidos. Simplemente, observaba el vacío que ha dejado el cristal, y tomaba decisiones más o menos adecuadas, no porque fuese lo que él quería, o por lo que creía que es justo, si no porque es lo que se esperaba que hiciese. O mejor dicho, lo que él esperaría de sí mismo.

Aún no podemos decir cómo reaccionará el propio McAbbot, ni en qué momento lo hará, pero podemos asumir varios factores que, sin duda, serán relevantes a la hora de dictaminar su comportamiento.

En primer lugar hay que destacar el acontecimiento que fue su abrazo. Fue completamente involuntario, por lo que es posible que su obsesión por mantener el control de las cosas llegue a niveles insostenibles. Además, los horrores de sus experiencias pasadas y de algunas presentes, puede provocar que no llegue a distinguir cuándo una reacción es proporcional a la acción que la ha provocado.

De hecho, puede suceder que agravios imperdonables carezcan de toda importancia, mientras que pequeñas bromas o familiaridades provoquen reacciones absolutamente desmedidas. Como se puede asumir, el abanico de sentimientos es enorme.

De hecho, nos atrevemos a afirmar que el más peligroso e impredecible de todos estos sentimientos, es el amor. Cualquier persona que haya amado, es consciente de qué se puede llegar a hacer (o dejar de hacer) por la persona querida. No llegamos a imaginar lo que podría llegar a hacer un individuo que, además, no es capaz de “compensar una balanza”.

Sería un error por nuestra parte suponer que McAbbot es un estúpido. No lo es. Simplemente, es un animal que no percibe las cosas como son, y que no dudará en emplear las garras y los dientes contra aquello que considere hostil. Pero es plenamente consciente de que sus garras y dientes son el dinero y las influencias, así como las garras y dientes del Dr. Frankestein eran la ciencia y el conocimiento.

Por supuesto, la naturaleza de McAbbot también ha cambiado tras el abrazo, aunque no lo ha hecho su entorno. El hábitat en el que Robbert se desenvuelve no es otro que la propia sociedad. Sin embargo, hasta ahora se limitaba a vivir bajo unas reglas en las que creía, por las que incluso llegó a luchar, y a las que se ceñía con mayor o menor rigor. Su humanidad dependía de ello. Sin embargo, las últimas experiencias le pueden haber enseñado que, si bien su entorno social es igual, o muy parecido al que conocía, no lo es tanto las normas que lo regían. De hecho, es posible que la normativa se resquebraje y muestre sus fisuras, perdiendo sentido en la mente de McAbbot, que, con el tiempo, puede llegar a generar sus propias reglas y exigencias, o asumir otras ajenas.

Por ahora, estas normas se limitan a las más primitivas. Es un animal que, de un modo u otro, ha logrado un status quo. Es predador y presa, igual que hasta ahora, pero en otro escalón que no conocía. Y una hembra que le satisface le muestra un camino que a él no le importa recorrer, porque es un camino, hasta ahora, que le hace sentir bien. Sin embargo, ahora su guía no está. Es posible que comience a sentirse perdido. Que se comience a obsesionarse.

Por supuesto, a él le han transmitido una serie de normas sociales. Sabe que es bueno fingir que son necesarias. Pero cree saber que son tan cosméticas como el callado que porta un rey. Que, detrás, hay cosas mucho más importantes. Que SU mundo, tiene otras exigencias que van antes que nada.

De hecho, ahora mismo habita un mundo con terribles depredadores, en el cual no controla casi nada y cuyas reglas se inventan sobre la marcha.

Informe para El Ojo.

Recientemente, a McAbbot se le conocen algunas citas que podrían ser reflejo de esto, sin ir más lejos: “Amar a una mujer es como beber del mar. Nunca tienes suficiente hasta que mueres”. Respondía así a un comentario en un bar frecuentado por el chófer de Holmes. Creemos que tienen intereses comunes. Lo más destacado de esta cita es que sospechamos que comienza a hacer analogías entre Theressa y el Mar. Es posible que los sentimientos que despiertan ambos, sean tan parecidos, que los fragmentos del espejo casen en su fracturada mente.

Otra pista que existe de que su mente empieza a delatarse quebrada, es el cambio en el servicio que ha hecho. McAbbot se enteró de que los rumores y las comidillas sobre Theressa amenizaban el día a día. En su afán por mantener el control, ha contratado un nuevo servicio, y les ha impuesto una norma y solo una: jamás habrá dos personas del servicio juntas en ninguna habitación. Williams tiene orden de disparar sobre cualquiera que incumpla esta norma. Afortunadamente, la lealtad del mayordomo está por encima de tales excentricidades, y se limita a castigar el incumplimiento muy severamente. Esta excentricidad, denota una obsesión evidente por mantener el control sobre algo que no puede, o que le resulta muy difícil. Por ahora, este control se reduce a su entorno, pero con el tiempo, o de manera repentina, puede extenderse, incluso sobre otras facetas de su vida.

La última anécdota que nos deja McAbbot, no ha sido sólo excéntrica, si no también cara. Ha mandado a su hombre de confianza, Williams, a dejar una caja con una serie de artículos en un lugar frecuentado por Theressa.

No nos hemos atrevido a abrir la caja, por prudencia, pero suponemos que estará llena de excentricidades, en las que el mar y su amor hacia Theressa se relacionan de extrañas y predecibles maneras.

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