Theresa

"Aliada" de Robb McAbbot

Description:

Preguntadle a Gabi…

;o)

“Curioso” su papel en Las pasiones de McAbbot y El descanso oscuro del alma¿verdad?

Bio:

Cuando en 1807 William Montagu, 5º duque de Manchester, mató en duelo a el joven coronel que lo había ofendido, no podía imaginar de que manera su vida estaba a punto de cambiar. No era su primer muerto en duelo, pues sus ansias de sangre le habían llevado a convertirse en un temido adversario, y solamente gracias a su alta cuna y contactos políticos y militares había logrado evitar caer en desgracia y salvarse de la horca.

Pero esta vez no había matado simplemente a un joven mimado y prometedor oficial inglés, sino a uno de los hijos bastardos de su rey, George III. El rey estaba enfurecido, pero no podía hacer pública la noticia, y tomarse cumplida venganza. En su lugar una serie de manipulaciones políticas y recomendaciones de sus consejeros recomendaron a su majestad que se deshiciera del duque de Manchester de manera sigilosa y discreta, y así fue como el destierro pasó a ser un secreto, algo informal. En su lugar, le fue asignada la difícil tarea de gobernar Jamaica, un polvorin en el que la proporción de esclavos a blancos, de 20 a 1, amenazaba con explotar, arrastrando a los amos británicos a la destrucción.

Sorprendentemente, el duque no quería poner en demasiado riesgo a su familia, y en previsión de los disturbios, en vez de reprimir duramente las voces que clamaban justicia, busco la manera de preparar la transición hacia la abolición de la esclavitud en la isla. De esta manera, empezó los contactos con los Maroons, los esclavos huidos que llevaban escondidos en las montañas desde la época de los colonos españoles. En sus negociaciones secretas, conoció a una misteriosa mujer, Jezebel, la última hija de Queen Nanny con el jefe Taíno, en realidad una poderosa hechicera vudú, y una oscura belleza mestiza que robaría su alma, y que hablaba como líder espiritual de los rebeldes que vivían en los bosques, atacando soldados británicos y robando convoyes.

En 1812, Jezebel dió a luz a la hija bastarda de un Sir William totalmente sometido a su voluntad, que había descuidado a su familia hasta el punto que su mujer Lady Susan, sintiéndose humillada, se fugaría con un sirviente en 1813, llevando a sus 5 hijos de vuelta al reino unido, donde finalmente caería en el ostracismo y moriría sola, años mas tarde (1828).

Pero William estaba decidido a volcarse en su hija Theresa, a hacer de ella la auténtica sucesora de su sangre. En realidad, solamente la poderosa voluntad de Jezebel y su vudú podían mantener viva en su cabeza una idea tan descabellada. La joven Theresa, mujer, mestiza y bastarda, no podría aspirar nunca a reclamar ningún derecho de sangre.

Así fue como esa niña de sangre “sucia”, nacida del pecado de su padre con una bruja mulata, gozaría de una educación y comodidades como nunca habría podido aspirar alguien venida al mundo como fruto de tan monstruosa unión.

Pero pese a las comodidades y lujos, seguía siendo blanca para los esclavos, y la hija de una esclava para los amos ingleses, como constantemente se encargaban de recordarle cuando su iracundo padre no se encontraba delante. La soledad que crecía en ella se vio empeorada tras la muerte de su madre cuando ella tenia solamente 13 años, y su padre, liberado repentinamente del embrujo que lo había mantenido atado durante casi 15 años, se amargó rápidamente, pensando en la desgracia de su familia (su mujer y sus hijos legítimos), y los pecados y traiciones que la poderosa líder de los Maroons le había obligado a cometer bajo la influencia de sus oscuros hechizos.

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Aunque padre e hija aun encontraban un punto en común en las extenuantes lecciones de esgrima, la creciente amargura de William acabó por volver crueles las lecciones que daba a su hija. Los golpes y malos tratos se hicieron cada vez mas frecuentes, las palabras más ariscas, y acabaron causando que la situación se volviera insostenible entre ambos, hasta que la joven empezó a planear su fuga. Le llevo casi un año prepararlo, y tras varios meses viajando, finalmente llegaría a Europa antes de cumplir los 17.

Mientras, en Jamaica, la frustración de su solitario padre ahora que había perdido el último resquicio de amor tuvo unas terribles consecuencias: represión, revueltas y matanzas. Ese era el legado que dejaba tras de si la joven Theresa, el odio y la venganza surgidas de la mentira y las diferencias entre sus padres.

Aunque había dejado atrás la isla y los fuegos de las revueltas, la segregación racial era aun mayor en Inglaterra de lo que había vivido en Jamaica. Repudiada cruelmente por su familia en Manchester, acabó viajando por el país con una compañía de artistas, actores y gitanos, que planeaban utilizar los poderes latentes de la joven. De alguna manera, la magia de su madre corría por sus venas, y podía sentirlo en su sangre, aunque no supiera lo que era, ni como controlarlo aún. Al margen del talento con la espada que su padre le había inculcado, no era una gran artista, y solo gracias a su belleza emergente y su falta de escrúpulos logró salir adelante (casi como una prostituta en ocasiones) hasta que la fortuna hizo que el viejo rico y lascivo Adams se fijara en ella de manera obsesiva.

Pero un ambicioso vampiro había puesto sus ojos en el dinero de los Adams… y vio en la joven Theresa la formula para conseguirlo de manera rápida. El matrimonio de aquel viejo viudo con la joven (rápidamente convertida en ghoul) que pronto estaría atada por sangre a él era la clave, por lo que usó toda su influencia para acelerar los eventos todo lo posible. Finalmente, tras emponzoñar la mente del perverso ricachón pagó los servicios de un sacerdote para que oficiara la boda secretamente, una noche apenas pocas semanas después de conocerse.

Al viejo Adams le sobraba el dinero, pero su familia no estaba nada contenta de que lo gastara con una ramera mestiza, y trataron de quitarla de en medio antes de que tirara por la borda la fortuna familiar. Sin embargo, no sabían que la boda se había oficiado la misma noche que planearon matarla. Ella no vio venir a su asesino, preocupada como estaba de tener que consumar el rito con el despreciable viejo. Sin embargo, nadie había previsto que la joven tuviera una voluntad tan fuerte, (ni la habilidad con las armas que su padre le había inculcado durante años) y la sorpresa sería mayúscula tanto para su asesino, como para su nuevo marido y su despreciable familia que pagaba sus servicios.

Al final de la corta pero violenta escena, solamente ella permaneció en pié, victoriosa. El viejo con quien se había casado esa misma noche agonizaba a su lado, presa del golpe errado del fallido matarife, y la sangre del asesino salpicaba el rostro y ropas de la joven en su lecho nupcial. Pero lejos de arrepentirse se alegró de estar viuda, aunque la alegría no le duraría mucho tiempo…

Tan pronto como la herencia quedó resuelta, fue renacida en las tinieblas como recompensa de su señor, que se convertía secretamente en el dueño de todo aquello que ella había heredado del fugaz matrimonio, y aprovechando la nueva posición social y el dinero, el ambicioso vampiro se rebautizó a si mismo como “Lord” Blackwood. Su plan había dado sus frutos, y un nuevo comienzo se alzaba ante él.

Mientras, la mente de Theresa sufrió terriblemente. Apenas era capaz de recomponer los eventos de las últimas noches en su cabeza: se mezclaban el frió brillo del arma del asesino desgarrando su carne con el cuerpo inerte del viejo Adams asesinado a su lado, y la bestia tomando el control cuando su maestro la convirtió en condenada. Todos aquellos sangrientos episodios que sucedieron en esas noches oscuras eran como pesadillas que se habían instalado en su mente y la acompañaban para todo el resto de la eternidad, acechándola en sus sueños cada día. Recordaba con claridad su propia vida escapando rauda por sus heridas, su calor desparramandose sobre el suelo de marmol entre las carcajadas de Lord Blackwood en la fría noche en que la convirtió a las tinieblas.

Saber que solo la sangre de su temible amante vampiro había evitado que su alma se escapara a borbotones por sus heridas sangrantes era una tortura. Aquella fué sin duda la experiencia más horrorosa de su existencia, y se veía forzada a revivirla a diario, cuando su cuerpo sucumbía ante el letargo al salir el sol.

Pero notaba algo más: mientras su alma se retorcía, el don de la magia de su madre (que habitaba en su interior, aun crudo y sin pulir) se perdía para siempre. Ahogado por el poder de la sangre vampirica, y roto en mil pedazos que chillaban a la vez, veía la esencia de su alma mancillada, y su legado perdido para siempre de forma irreversible.

En las noches siguientes el vacío que había dejado la magia de su pueblo al perderse, junto con el frió mortal del hambre no humana, estuvieron a punto de desgarrarla por dentro, y acabar con su cordura. Mas de una vez notó como sucumbía a la sed de sangre, temiendo perder todo resto de su humanidad. Trató de escapar, y volvió con los gitanos con los que había viajado: aquellos que habían codiciado su poder, un poder que la había abandonado. Pero ahora la veían como una sombra maldita y perversa de lo que fue, un enemigo de la noche al que tenían que cazar. Y de nuevo Theresa derramó lágrimas de sangre cuando se vio forzada a matarles antes de que pudieran destruirla a ella.

Desde entonces ha permanecido al lado de su maestro vampírico, demostrando tanto su valía como el arrepentimiento hacia su mentor durante mas de 60 años. Aguantando sus crueldades y sus torturas noche tras noche sin rebelarse, atada por el vínculo de sangre. Su innata habilidad con la magia le ha ganado una cierta posición dentro del Circle of the Crone, gracias al apoyo de Micah y su nueva mentora Editah. Después de su entrenamiento inicial en el círculo, su prueba consistía en empujar a un valioso mortal hasta el auténtico límite, tal y como ella lo había hecho antes. Su misión implicaba hacerle superar las mas duras pruebas, y lograr su ascenso dentro de las filas de la masonería hasta alcanzar uno de los puestos de mayor poder dentro de la orden. No admitiría una derrota, solamente la muerte esperaría a aquel mortal si flaqueaba y no era capaz de sobreponerse a los retos. Sin embargo, no habían previsto dos detalles. El primero, era que Theresa empezó a ver en el joven candidato un reflejo de su propia mortalidad y los miedos e inseguridades que había tenido, hasta el punto de que comprendió que el valiente joven era un alma gemela, un reflejo de su alma mortal ahora perdida. El segundo, casi tan peligroso como el sentimiento de amor que había surgido en su interior, era la traición del extraño compañero de iniciación de su joven protegido. Nadie podía haber imaginado que las consecuencias de ambos factores acabarían de manera tan inesperada en el abrazo del joven McAbbot.

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Theresa

A Midsummer Night's Dream isgaard